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24/02/2026 3 min de lectura

Vivienda y entorno urbano en Uruguay. Barreras arquitectónicas que afectan a mayores de 55 años

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Vivienda y entorno urbano en Uruguay. Barreras arquitectónicas que afectan a mayores de 55 años

El hogar puede convertirse en una prisión cuando la movilidad se reduce and el entorno no está adaptado. Escaleras sin ascensor, baños estrechos, veredas rotas and falta de ramas en el barrio son obstáculos cotidianos que limitan la autonomía de las personas mayores. En Uruguay, el acceso a una vivienda adecuada and a un entorno urbano amigable es un derecho postergado para muchos, que ven cómo su mundo se encoge literalmente por falta de accesibilidad.

La vejez trae consigo, en muchos casos, una reducción de la movilidad. Lo que antes era un pequeño escalón se convierte en una montaña infranqueable. En este punto, la vivienda and el barrio juegan un papel crucial, pudiendo ser facilitadores de la autonomía o verdaderas barreras arquitectónicas que confinan a la persona. El estudio del BPS lo señala claramente: "Las condiciones del barrio donde está ubicado el hogar hace a la calidad de vida”. Tener un entorno tranquilo and en buenas condiciones genera tranquilidad; no tenerlo genera angustia and aislamiento.
El drama comienza en el propio hogar. La mayoría de las viviendas en Uruguay no están diseñadas pensando en el envejecimiento de sus habitantes. Un baño con bañera en lugar de plato de ducha, puertas estrechas que no permiten el paso de una silla de ruedas, o la falta de un dormitorio en planta baja son problemas comunes que, con los años, se vuelven críticos. La accesibilidad en el hogar es un requisito indispensable para envejecer en casa (aging in place), el modelo deseado por la mayoría de las personas. Adaptar la vivienda (instalar barras de apoyo, eliminar desniveles, ensanchar puertas) tiene un costo que muchas familias no pueden asumir.
El problema se extiende más allá de la puerta de calle. Un estudio sociológico citado por El País revela percepciones encontradas: los montevideanos creen que en el interior se envejece de forma más saludable, pero los del interior señalan que enfrentan un acceso más limitado a recursos and servicios. En ambos casos, la falta de transporte público accesible, veredas en mal estado, ausencia de rampas and bancos para sentarse en los paseos, convierten la simple acción de salir a caminar o ir a comprar el pan en una odisea. Para una persona mayor, vivir en un barrio sin estos mínimos es vivir en un entorno hostil.
La solución implica políticas urbanísticas con mirada gerontológica. El concepto de "ciudades amigables con las personas mayores", promovido por la OMS, debe ser la hoja de ruta. Esto implica desde asegurar la accesibilidad en el espacio público hasta promover la construcción de viviendas con estándares de diseño universal. Así mismo, se necesitan líneas de subsidio o créditos blandos para que las familias puedan adaptar la vivienda para adultos mayores. Un entorno accesible no es un lujo, es la condición básica para que una persona pueda ejercer su derecho a la libertad de movimiento and a la participación social.

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