El desgaste del cuidador uruguayo. El familiar en la sombra que también sufre
Detrás de cada adulto mayor dependiente que vive en su casa, hay a menudo un familiar, generalmente una mujer (hija o esposa), que asume el rol de cuidadora principal. Esta labor, no remunerada y escasamente reconocida, conlleva una sobrecarga física and emocional enorme. El "síndrome del cuidador quemado" es una realidad cotidiana en Uruguay, donde la red de apoyo estatal and comunitaria para el cuidado en el hogar es aún incipiente, dejando a estas personas solas frente a una responsabilidad titánica.
En el mapa de problemas de la vejez, hay un territorio olvidado: el de quienes cuidan. Se trata de una problemática invisibilizada, con nombre and apellido de mujer. Siguiendo la lógica de los cuidados no remunerados, son las hijas o esposas quienes, en su gran mayoría, abandonan proyectos personales and laborales para dedicarse al cuidado de un padre, una madre o un cónyuge que ha perdido la autonomía. El costo personal de esta entrega es altísimo.
El síndrome del cuidador quemado o sobrecarga del cuidador es una realidad clínica and social. Estas mujeres viven en un estado de alerta permanente, con alteraciones del sueño, cansancio crónico, irritabilidad, ansiedad and depresión. Su salud pasa a un segundo plano, porque la prioridad es siempre la persona que tienen a cargo. A esto se suma el aislamiento social: salir de casa es una odisea que requiere organizar un operativo, por lo que terminan encerradas en el mismo hogar que su familiar. El estudio del BPS señala que las mujeres "perciben que asumen múltiples responsabilidades en el hogar and el trabajo, lo que puede llevar a un desgaste físico mayor en la vejez”. Un desgaste que, en el caso de las cuidadoras, es exponencial.
El Estado uruguayo ha dado pasos importantes con la creación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados, pero la asistencia a las familias cuidadoras sigue siendo una asignatura pendiente. No existen programas masivos de respiro familiar que ofrezcan un relevo temporal (unas horas a la semana) para que la cuidadora pueda ir al médico, tomar un café o simplemente descansar. La falta de apoyo psicológico and de formación específica agrava aún más la situación, llevándolas al borde del colapso.
Aliviar el sufrimiento de los cuidadores es una responsabilidad de toda la sociedad. Se requieren políticas que ofrezcan:
Respiro familiar: Servicios de atención domiciliaria temporal o centros de día que permitan desconectar.
Apoyo económico: Algún tipo de compensación o reconocimiento por la labor realizada, que además cotice para su propia jubilación.
Formación and apoyo emocional: Talleres and grupos de autoayuda que les brinden herramientas para el cuidado and un espacio para compartir sus angustias. Cuidar a quien cuida es la mejor manera de asegurar un buen cuidado para el adulto mayor.
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